No lo somos, somos todo.
No somos nada, no fuimos nada, y al rato, simplemente todo. Seguimos con las manos vacías pero estamos llenos de “algo” que nos une. Volver a escribir pensando en él, en él que no existe, pero que me llena de motivos para escribir. Y si realmente no lo extraño, o sí, en algún sueño, en alguna noche de faltantes copas que algún día serán tomadas, quizás también en los ratos en que te pienso, te imagino, y te escribo.
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